Iglesia Evangélica Metodista de Martínez

Pastores: Arne Clausen y Marcelo Mondini.

Creemos en Jesús como Señor y Salvador.

¿QUIÉNES SOMOS?

Los metodistas somos cristianos. Somos una de las ramas de la Iglesia de Jesucristo, que es una sola compuesta por todos los que creen en él y le siguen como discípulos.

Dentro de este cristianismo universal o ecuménico, es decir, iglesias en comunión con Jesucristo, las cuales sin perder su identidad son llamadas al diálogo entre sí y a hacer vínculos de hermandad buscando relacionarse desde lo que las une en la fe, nos ubicamos en la línea del cristianismo evangélico o protestante, producto de la Reforma religiosa iniciada en el siglo XVI. El movimiento “metodista” fue un movimiento de renovación espiritual y misionera que se inició en Inglaterra hace más de 250 años.

De ese movimiento surgió la Iglesia Evangélica Metodista, que se extendió a otros países y continentes, con congregaciones en 96 países del mundo. En nuestro país está presente desde 1836 y predica el Evangelio en congregaciones que se encuentran en la ciudad de Buenos Aires y en 14 provincias.

Esta congregación está en Martínez desde el año 1911.

¿QUÉ CREEMOS?

Creemos en Jesucristo que nos dio a conocer al Padre y nos envió su Espíritu Santo para la obra de Dios en el mundo.

Jesús de Nazareth nos mostró el modo de ser de Dios a través de su vida pública, sus enseñanzas, su muerte en una cruz y su resurrección. Él nos indicó el Camino, la Verdad (en el sentido de vivir de un modo auténtico) y la Vida, por eso lo reconocemos como nuestro único Salvador y Señor.

Creemos en nuestro Padre, Creador del universo, dador y sustentador de la vida, un Dios que ama a todos y se hace servidor.

Creemos en el Espíritu Santo, la presencia actual de Jesucristo, que obra en su Iglesia y en el mundo, guiando, fortaleciendo, consolando.

La base de nuestra predicación y enseñanza es la Biblia, en la que encontramos la Palabra de Dios dada a conocer a la humanidad, y encarnada en la persona de Jesucristo.

¿QUÉ PROPONEMOS?

Siendo Jesucristo el Salvador del mundo y de cada uno de nosotros, todos necesitamos tener la experiencia de un encuentro personal con él, mediante la fe. Creer con certeza que será Él quien nos salvará cada vez que nos desviemos de su camino.

Sabiéndonos amados y rescatados por Jesucristo, teniéndonos la plena confianza y fe en la seguridad que Él nos da, queremos hacer llegar a todos la Buena Noticia del Evangelio.

Jesucristo nos ofrece una vida nueva, la cual es posible con su ayuda y compañía, cuyo primer fruto y deber es el amor: amor a Dios y amor al prójimo, ya que para un cristiano no podría existir el uno sin el otro.

Por tanto, ningún problema o necesidad humana puede sernos ajenos, y todos hemos de ocuparnos, conforme a la vocación y el lugar de cada uno, en trabajar por una sociedad más justa, una comunidad más solidaria y con mayores posibilidades de una vida plena a todos por igual.

¿CÓMO SON NUESTROS ENCUENTROS?

Todos los domingos, y también en otras ocasiones, celebramos los cultos de adoración y alabanza a Dios. Cantamos himnos, oramos, agradecemos a Dios las bendiciones que nos da, le contamos nuestras faltas personales y comunitarias, le pedimos por nosotros, por los enfermos y necesitados, por la justicia y por la paz en nuestra patria y en el mundo.

Leemos las Escrituras (la Biblia), y buscamos su mensaje para nosotros en la actualidad de nuestras vidas.

Respetamos y honramos la memoria de la Virgen María, madre de Jesús, ejemplo de fe y de obediencia a la voluntad de Dios, y también la de los santos, aunque no les rendimos culto ni dirigimos a ellos nuestras oraciones.

En nuestra oración y meditación nos comunicamos directamente con nuestro Padre por intermedio de Jesucristo, Dios hecho carne: por él, que está presente en todo lugar y en todas las circunstancias, hacemos confiadamente nuestras oraciones, con el auxilio del Espíritu Santo.

¿TENEMOS SACRAMENTOS? ¿CUÁLES?

Para nosotros los sacramentos son signos de la gracia de Dios y también la expresión de nuestra respuesta al amor, la misericordia, la gracia de Dios.

Tenemos dos sacramentos: el Bautismo con agua y en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ya sea bautizando a pequeños por decisión de los padres, o de jóvenes y adultos por decisión propia en la cual se manifiesta de manera pública nuestra fe en el Padre, en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo comprometiéndonos con la comunidad estar al servicio de Dios y del prójimo; y la Comunión (o Cena del Señor), en la que compartimos el pan y el vino, tal como lo instituyó el Señor estando con sus apóstoles, para que fuera hecho en su memoria.

El Bautismo tiene carácter universal y es aceptado por todas las iglesias cristianas históricas. Por eso, practicamos el reconocimiento mutuo de la validez del Bautismo, inclusive con la Iglesia Católica Romana.

En nuestras congregaciones, la Comunión, o Santa Cena, o Cena del Señor, es una celebración abierta a la participación de todos aquellos que creen en Jesucristo como su Señor y Salvador y están en paz con Dios, sean miembros de nuestra Iglesia o no.

No tenemos la confesión de los pecados ante otra persona como un acto obligatorio, ya que consideramos que Dios es el único que conoce la sinceridad de nuestro corazón y los motivos de nuestras acciones. Quien desee efectuar una confesión personal puede buscar ayuda pastoral, si lo considera conveniente.

¿CÓMO SE ORGANIZA NUESTRA IGLESIA?

Cada una de nuestras congregaciones se compone de miembros, amigos y simpatizantes que no son miembros, y sus familiares.

Los miembros pueden tener una participación muy activa en la vida de la Iglesia, de acuerdo a sus dones y capacidades. A los que desean ser miembros, los pastores de la Iglesia les comparten sus conocimientos de la doctrina cristiana a modo de preparación para ello. A través del crecimiento en la fe, el compromiso con Jesucristo y la capacitación vamos descubriendo nuestro ministerio en la iglesia. Todos somos llamados de acuerdo a nuestros dones a llevar el mensaje de Jesús.

Tenemos pastores que son ordenados o consagrados para tal función luego de estudios teológicos. Pueden casarse y formar una familia. En nuestra Iglesia hay pastores y pastoras, personas que Dios ha llamado a ejercer el ministerio de la predicación del Evangelio y la administración de los sacramentos, pero ellos no constituyen el gobierno de la Iglesia; éste es administrado entre todos, pastores y laicos.

En nuestra Iglesia Evangélica Metodista el Obispado puede también ser ejercido por una mujer. Es elegido/a en la Asamblea General de la Iglesia, en la que se reúnen los delegados de todas las congregaciones del país. El Obispo representa a la Iglesia y coordina la labor de los pastores. También participa en la designación de los pastores a sus respectivas congregaciones, designación que periódicamente es renovada.

La autoridad máxima, en el orden institucional, es la Asamblea General, compuesta por pastores y por un representante laico de cada una de las congregaciones y de otras instituciones. La Asamblea es presidida por el Obispo.

No tenemos otra autoridad fuera del país, aunque nos relacionamos fraternalmente con otras Iglesias en nuestro país, en otras naciones y continentes, mediante la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas, el Consejo Mundial Metodista y el Consejo Mundial de Iglesias.

Como cabeza de la Iglesia reconocemos solamente a Jesucristo.